Especies de espacios. Georges Perec // Reseña

Yo le llamo reseña pero en realidad se trata de resúmenes, incluso citas, de libros que me gustaría no enterrar y poder citar en cenas con amigos y en encuentros entre artistas e intelectuales. Una vez estuve a punto de comprarme uno de esos libros que te dan información suficiente como para poder defender un tema en una cena. A los pocos segundos me di cuenta que semejante deseo era muy miserable.

Tengo la sensación de que este tipo, Georges Perec, además de ser escritor, era un creador. Su obra va más allá de lo escrito… por eso entre amig@s decimos que puede ser una gran inspiración para el teatro de calle. Aquí algunos fragmentos:

La calle

“Anotar lo que se ve. Aquello que sea importante. ¿Sabemos ver lo que es importante? ¿Hay algo que nos llame la atención?

(…)

Nada nos llama la atención. No sabemos ver.

Hay que ir más despacio, casi torpemente. Obligarse a escribir sobre lo que no tiene interés, lo que es más evidente, lo más común, lo más apagado.

(…)

Todavía no hemos mirado nada, sólo hemos repertoriado lo que desde hacía tiempo habíamos repertoriado.

Obligarse a ver con más sencillez.

Descubrir un ritmo. (…)

Deducir evidencias: la obsesión por la propiedad, por ejemplo.

Continuar. Hasta que el lugar se haga improbable. Hasta tener la impresión, durante un brevísimo instante, de estar en una ciudad extranjera o, mejor aún, hasta no entender ya lo que pasa o lo que no pasa, que el lugar se convierta en un lugar extranjero, que incluso ya no se sepa que esto se llama una ciudad, una calle, inmuebles, aceras…”

El barrio

“… la parte de ciudad a la que no hay que trasladarse, puesto que precisamente ya estamos en ella.”

Ciudades extranjeras

“… Nos gustaría estar en el centro. Estudiamos cuidadosamente el plano de la ciudad. Vamos repertoriando los museos, los parques, los lugares que nos han recomendado que veamos a toda costa. Vamos a ver los cuadros y las iglesias. Nos gustaría mucho pasearnos, callejear, pero no nos atrevemos; no sabemos ir a la deriva, tenemos miedo de perdernos. Incluso no andamos de verdad, vamos siempre a toda prisa. No sabemos muy bien qué mirar.

A menudo guardamos de estas ciudades el recuerdo de un encanto indefinible a pesar de haberlas rozado sólo ligeramente: el recuerdo mismo de nuestra indecisión, de nuestros pasos vacilantes, de nuestra mirada que no sabía hacia qué volverse y que no se emocionaba con casi nada.”

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