Del “zasca” a la gestión del conflicto

Publicado en www.pimood.org

¿Cuántas veces vemos la palabra “zasca” en las redes sociales, los medios, como medio para atraer más visitas y más clics a las noticias? “Zasca de Pablo Iglesias a Mariano Rajoy”, o viceversa… Este pequeño detalle nos dice mucho sobre la madurez de los escritores, editores y lectores respecto a su visión sobre los conflictos. Transforman discusiones en batallas. Pan para el pueblo.

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Mi amigo Sergi me contaba que en la escuela de su hijo se ha implantado un sistema de resolución de conflictos que consiste en la asignación de un mentor para cada alumno. Este mentor/a debe ser un alumno de dos cursos superiores. A su vez, cada uno de estos tiene un coordinador/a de dos cursos superiores. Ante un conflicto no resuelto, debe acudirse al mentor, y en el último caso al coordinador. Todos  reciben una formación oportuna.

¿Podemos imaginarnos que todas las escuelas implementasen un sistema parecido? ¿Qué sociedad y qué clase política nos depararía… esperanzador, cierto?

Un conflicto puede ser un gran banco de pruebas para poner en práctica aspectos como el auto-conocimiento, la empatía y la asertividad. Gracias a la gestión del conflicto ponemos en juego nuestras habilidades.

Los conflictos nos dan información muy valiosa sobre cómo somos: a veces por lo que hacemos ante ellos, otras por lo que no hacemos.

En nuestra cultura, existe la tendencia a entender el conflicto como algo malo, negativo y desagradable. Y tiene su lógica, ni siempre podemos estar en tensión con nosotros mismos o los demás, ni siempre podemos estar en consenso. La primera situación conduce al desgaste de energía y al sufrimiento. La segunda, a la muerte por inanición de ideas y falta de cambio.

Es decir, gestionar un conflicto puede aportarnos un gran crecimiento. El precio que pagaremos puede ser cierto desgaste… así que la decisión es  nuestra.

Para que precisamente sea eso, una decisión consciente, y para minimizar el desgaste y maximizar el aprendizaje obtenido, pueden entrenarse una serie de recursos. De aquí nace la gestión del conflicto.

Tras haber trabajado este taller con varios clientes, comparto 6 aprendizajes generados junto a los asistentes:

  1. La importancia del lenguaje en la descripción de los conflictos. A menudo nos cuesta expresar qué nos genera un conflicto y algo tan simple como qué necesidad no está cubierta ante el mismo.
  2. La necesidad de tomarnos la gestión de expectativas más en serio. Cuando las expectativas sobre nuestra realidad exceden las experiencias de nuestra realidad, se generan conflictos con nosotros mismos y con los demás.
  3. Otro de los factores que propicia un conflicto suele ser los fallos en la comunicación interpersonal. Porque el emisor no emite en condiciones, porque el código (palabras, gestos…) no es el adecuado o porque el receptor no sabe, no puede o no quiere descifrar el mensaje.
  4. Nos formamos nuestra realidad a partir de nuestros mapas mentales. Esta afirmación tan simple, sobre la que todos podríamos estar de acuerdo, nos ayuda a olvidar o a quitarle importancia al hecho de tener o no tener la razón, o de que existe una verdad o realidad a defender.
  5. Negar un conflicto es la forma habitual que tenemos de reaccionar ante el mismo.
  6. Preguntas fuerza que nos ayudan a analizar un conflicto:

¿Hasta qué punto quiero entender la conducta del otro?

¿Qué tengo que cambiar en mi forma de pensar, sentir y hacer para comprender el conflicto y la otra parte del conflicto?

¿Qué tiene que ser cierto en la cabeza de él / ella, para que lo que está diciendo tenga sentido para él?

En el workshop de Pimood dedicado a la gestión del conflicto, ponemos nuestra metodología a prueba como nunca: por un lado generamos conocimiento, o mejor dicho, conciencia, a través de las preguntas fuerza que aparecen en el camino de descubrir qué es un conflicto y qué opciones tenemos ante él.

Por otro lado, la pedagogía del teatro, o la interpretación actoral, nos lleva a entrenar habilidades a partir de situaciones o escenas: escucha, asertividad, emociones, reacciones, lenguaje no verbal… Todo ello acompañado de un sistema de resolución de conflictos, en el que vamos avanzando de una etapa a otra: de entender un conflicto y todas sus caras hasta plantearnos una resolución win win.

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