Entre dos azules // Relato

La pureza era un bien escaso, todo se había colonizado interpretando las necesidades que se suponía que su especie tenía. “Estar en la Tierra es un placer, es un planeta que lo vale”. Bill se dió cuenta que aquella reflexión carecía de sentido porque su pueblo, los humanos, no serían lo que son sin, precisamente, aquel planeta que insultaban a diario. Simplemente no serían.

Bill pisaba la arena de la playa disimulando que sus plantas de los pies eran de ciudad y ardían.

Diez años atrás aquello era una plantación de cañas. Llegabas andando y tras la vegetación encontrabas un paraje de verdad. Las cosas olían, la vida tenía banda sonora (original).

Bill odiaba esa nostalgia que le comía por dentro constantemente, privándole del presentismo que tanto anhelaba. Vivía siempre en el mundo de los pensamientos, esos bichitos que se van comiendo poco a poco grandes edificios. Aquella tarde, se dió cuenta del drama: aquel sitio era una mierda, había dejado de ser lo que era para convertirse en un juguete más de los suyos.

Rápidamente, imitando las escenas de películas en las que se suponía que el protagonista no pensaba sino que disfrutaba de la vida – a cámara lenta – de forma salvaje (él nunca lo conseguía) se lanzó al agua – a cámara rápida -todavía cristalina. Harto de esa falsedad de la que todos eran cómplices, dejó su cuerpo flotar mientras observaba las nubes. Un momento de cámara lenta, ahora sí. Estaba en entre dos azules que, por las condiciones naturales, eran más difíciles de prostituir. Pensando sobre lo miserable de su especie, se quitó el bañador y, mientras seguía  a flote, empezó a mear dibujando una fuente de orina sobre su cuerpo. Orinaba en el mar, algo que todos hacían a escondidas, y se meaba sobre él mismo y sobre todo lo presente, lo pasado y lo futuro. Porque allí, en esa playa convertida en un parque lúdico repleto de artificios y plástico de todo tipo, quedaba de todo menos fe.

Bill disfrutó de ese momento hasta que sus pulmones se llenaron de agua debido al ataque de risa provocado por aquella meada espontánea, desesperada, sincera.

oceano

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