En busca de responsables de RE // Artículo

Tiempos difíciles para todos: para los que no trabajan, para los que lo hacen como animales, para los que emprenden… Todos hemos integrado plenamente la crisis en nuestro día a día, somos perfectamente conscientes del momento y me atrevo a decir que también somos consecuentes.

Un discurso que ha calado bastante durante este tiempo es la obligación de RE: reinventarnos, repensar nuestra forma de trabajar, readaptarnos a situaciones cada vez más exigente y más complejas… RE.

Las empresas afrontan momentos económicamente muy complicados, son muchos los caminos hacia la eficiencia, la productividad y la sostenibilidad, y muchas las decisiones y medidas a tomar; algunas más fáciles que otras.

Y llegados a este punto debo confesar una sensación: la habitual escasa confianza que tenemos en nuestras posibilidades, y en las de los demás, sobre cómo afrontar situaciones que requieren respuestas diferentes. Uno de los problemas creo que es que RE implica una palabra que se escucha mucho pero se practica poco: innovar.

Seamos claros, la innovación suele dejarse para otros: freaks o pensadores, consultores o exconsultores, los que aparecen en TED, los que se dedican a profesiones diferentes a las nuestras… Y cuando digo “nuestras” no me refiero a RRHH, hablo de todos los colaboradores y departamentos de una organización (a excepción de I+D+I, claro, solo faltaría). Otro pensamiento habitual también suele ser “bueno, lo de innovar seguro que alguien de más arriba se encarga”, y lo cierto es que es probable que “el de arriba” se pase el día con la blackberry tocando muchas teclas excepto el RE.

No nos dé miedo a decirnos que, ante situaciones sin aparente salida, la única solución es buscar soluciones creativas. No nos dé miedo invitarnos a innovar, hasta a nuestros estudiantes en prácticas, posiblemente ellos tengan una visión tan diferente de todo que dejen con la boca abierta a los que llevan tanto tiempo en la empresa sin un solo RE. Hay tantos tipos de inteligencia como personas, y lo único que tenemos que hacer es empezar a aprovecharlo de verdad. A veces deberás ser disruptivo y arriesgarte tú, otras agradecerás que tu jefe te invite a innovar a través de unas palabras mágicas y sencillas como “Te invito a pensar diferente porque todas las opciones que hemos trabajado hasta hoy no sirven. Propón algo innovador. Cuenta con mi soporte y ayuda”.

No importa que no se invierta dinero, no importa lo justos de tiempo que vamos todos, no importa la falta de recursos. Innovar es precisamente lo que tenemos que hacer para hacer más con menos, innovar es a lo que nos tenemos que atrever porque los que nos llevaron a esta crisis se olvidaron por completo de ello.

No olvidemos que ésta es una de las grandes desventajas de empresas consolidadas en relación a las startup’s que empiezan su actividad en estos días, porque han nacido del RE, y saben que si no cuentan con un equipo que funcione como una tribu innovadora difícilmente avanzarán.

En definitiva, yo me retaría a pronunciar, ante nuestros compañeros o equipo, la palabra “innovar”. Puede que al principio produzca sensaciones contradictorias, es normal, sensación de rareza… pero persistamos, porque las realidades innovadoras empiezan con deseos innovadores.

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