Cambios durante la carrera profesional // Artículo

Publicación en www.bubbleofchange.com:

Durante más de 10 años jugué a baloncesto; fue una de mis pasiones. También hice de entrenador, de coordinador, etc. Recuerdo que durante los últimos años no percibía retos, no me sentía estimulado. Perdí el apetito por aprender cosas nuevas, por mejorarme a mí mismo, y acabé perdiendo la actitud ejemplar que debe tener un jugador, sea profesional o no, cuando forma parte de un equipo. Un día me di cuenta de que debía cerrar esa etapa, una etapa que me dio grandes momentos y grandes amigos, pero que, como todo, tenía su fin.

A base de cambiar y conocer personas y culturas de trabajo muy diferentes, podría resumir los enfoques sobre la carrera / vida profesional que he percibido de la siguiente manera:

1) La búsqueda comprometida de retos

Personas que viven los proyectos, se comprometen, consiguen cambiar las cosas, make things happen… y cuando lo consiguen, o sienten que están solas, o que poco les queda por aprender (del business, de la función, de su manager, etc.), van a por otro proyecto retador.

Los ciclos profesionales en las empresas han evolucionado. Los jóvenes, mayoritariamente, cambian a menudo de organización (con la crisis algo menos), tratando de encontrar proyectos que lo tengan todo. Este elevado grado de exigencia implica una mayor exposición de las empresas a la selección natural, y en consecuencia, las que lo hacen rematadamente mal, a su desaparición. No suena mal.

Hoy, los que trabajamos en selección consideramos cada vez más normal la tendencia controlada al cambio. Una etapa de 2, 3 ó 4 años en una organización ya no es sinónimo de mercenario. Estamos en la era de los cambios, en la que el valor de la flexibilidad ha ganado mucho peso: el desgaste en una organización es mayor, y muy pocas empresas son capaces de ofrecer retos atractivos de forma constante a aquellas personas que cada día quieren marcha. Aquéllos que evolucionan y quieren evolucionar, difícilmente lo harán de forma más lenta que su departamento u organización (por eso siempre he sido partidario, desde la perspectiva de RRHH, de trabajar más en fomentar culturas ágiles y flexibles que en los famosos planes de carrera).

2) El mercenariado sin resistencia

Ahora se habla mucho de resiliencia, la capacidad que tenemos para resistir y superar obstáculos. No hace falta que seas capaz de superar una maratón, pero si cada 6 meses cambias de proyecto y das más vueltas que un reloj, puede que tengas que poner en duda tu capacidad para comprometerte y para comprender lo que implica un reto: en algún momento, y sin pasarse, pasarlo un poquito mal.

3) La sonrisa interminable

Aquellas personas que han trabajado durante muchos años para una organización y mantienen una actitud positivasu valor en el mercado se ha multiplicado y se sienten estimuladasEvolucionan. Aplaudo  a las organizaciones (y a esos líderes) que han sido capaces de generar una cultura de trabajo sana, sostenible, capaz de adaptarse y mejorar. Soy positivo, y creo que hay organizaciones que lo hacen, y lo hacen muy bien.

4) El camino de la rendición y la griscitud

Por otro lado tenemos aquellas personas que se han enrocado en organizaciones, que aprendieron en su momento y hubo un día en el que renunciaron a seguir mejorando por pereza, por miedo y resistancia al cambio, por falta de confianza, por comodidad… En este caso la involución y la pérdida de valor en el mercado profesional es lo habitual. Pierden las ganas de aprender, caen en el auto-engaño, responsabilizan a terceros de su insatisfacción, y se conforman con encontrar estímulos y retos fuera de las 8 horas laborales.

En resumen, varios puntos:

  • Si tu profesión es tu vocacióno al menos es una de tus pasiones, tendrás más estímulos para auto-formarte, para ser exigente, para comprometerte, para cambiar cuando te dé la gana… Si no lo es, lo tienes bastante más difícil.
  • No nos encuadramos 100% en uno de estos enfoques (por ejemplo, puede que estés entre el 1 y el 2), lo habitual siempre son tendencias mixtas.
  • Supongo que lo sabes, pero cuando mueras, tu CV ni tan sólo quedará escrito en la lápida, y tu perfil LinkedIn… pues no sé qué pasará, la verdad :P. Es decir, ¡sin miedo! Sin miedo a los cambios, a empezar de nuevo, a emprender, etc.

Y tú, ¿intentas mejorarte cada día o te has rendido?

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